Mayo de 2010 | Boletín #50

Mirando el futuro

Arribar al Boletín Aduanero N° 50, nos impone ciertas reflexiones con vista al futuro del sistema aduanero nacional, pues aun cuando el presente  esté signado por todo tipo de vicios y de fallas, sobran razones para mirar el devenir con optimismo, pues la historia nos deja como enseñanza permanente que los tiempos duros son como los de siembra, promisores de merecidas cosechas.

El futuro aduanero de Venezuela debe ser abordado desde tres puntos de vista fundamentales: el laboral, el jurídico y el tecnológico.

Ex profeso señalamos el laboral en primer término, pues ninguno de los otros dos rendirá frutos si el aduanero del futuro no es un profesional honorable, capaz, amante de su País y de su profesión y respetuoso de las leyes. Ello es posible a través de una política de personal que asegure la estabilidad, impulse la formación técnica, promueva un estatuto económico que permita una vida sin dispendios pero sin estrecheces y una vejez digna y tranquila. La profesionalización de la actividad aduanera es la barrera oponible al aventurerismo y politización de los cargos del servicio; bastaría una pequeña brecha para que se colaran delincuentes y aventureros, unos disfrazados de expertos y otros de políticos, pero todos persiguiendo el mismo fin: la riqueza fácil y rápida. Las normas que rijan las políticas de personal de aduanas deben ser rígidas en extremo y ser expeditas para el premio y para el castigo, pues nada es más dañino que sentar en la misma mesa al hombre de bien y al delincuente; cuando eso sucede, el primero se desmoraliza y el bandido se envalentona, es decir, se impulsa el delito y se desmedran los valores éticos.

El funcionario debe recibir un sueldo base digno y una serie de estímulos económicos que lo conviertan en socio de la República: obvenciones moderadas y pagadas con rapidez; seguro médico para sí y para ascendientes y descendientes en primer grado; préstamos a bajo interés para la adquisición de vivienda y vehículos, así como para costear estudios especiales de los hijos. A un aduanero sin hambre ni temores se le puede exigir el máximo y así debe ser; quien traicione la confianza depositada en él, debe ser castigado con especial énfasis mediante la agravación de las penas e imprescriptibilidad de la acción penal.

Mas estos individuos deben ingresar a la carrera aduanera mediante concursos públicos en el que los aspirantes tengan representación en el jurado, al igual que el colegio profesional respectivo. Toda medida encaminada a sumar transparencia al concurso, debe ser bienvenida, pues sólo un buen comienzo augura un buen final.

Las aduanas existen en virtud de la ley. De no existir un conjunto de normas jurídicas que las establecieran e indicaran sus competencias como órganos del Estado, el poder de imperio que ellas ejercen sería inconstitucional y abusivo y hasta violatorio de los derechos humanos. Las aduanas, como es sabido, aplican medidas de policía administrativa que limitan el goce de derechos constitucionalmente establecidos: la propiedad y el libre tránsito, entre otros. Esa es una de las razones fundamentales por lo que toda la normativa aduanera debe ser recogida en un Código Orgánico Aduanero que, como es de esperar, no tendría reglamentos. En dicho Código se agotaría la materia legal aduanera y se dotaría al administrado de múltiples recursos para la defensa de sus intereses; se repondría el recurso de reconsideración, viéndolo como un examen para el funcionario actuante, cuyo jurado sería su superior jerárquico; se establecería el silencio administrativo positivo, junto con severas sanciones y responsabilidades al silente; se crearía la jurisdicción aduanera, es decir, los juzgados de aduana (juzgados nacionales y superiores) en los que se podrían revisar los actos administrativos y donde no solamente se conocería el delito de contrabando; se eliminaría el comiso por razones distintas a las sanitarias y se supliría por multa equivalente al valor de los efectos; al "levante" o "entréguese" se le conferiría de manera inequívoca carácter de acto administrativo, sólo revisable por los funcionarios y por las causas expresamente establecidas en el Código; las funciones de Resguardo Aduanero tendrían carácter eminentemente civil y sometimiento pleno a la autoridad aduanera de la jurisdicción; se eliminaría la proliferación de autoridades dentro de las oficinas aduaneras, pues ellas resultarían innecesarias; los agentes de aduana no serían calificados por su capacidad económica, si no por el cúmulo de sus conocimientos y se aclararía su condición de mandantes dentro del contrato de mandato; se eliminaría la grotesca y antijurídica figura de Auxiliares de la Administración Aduanera y, en fin, se adecuaría toda la normativa a los superiores preceptos de la Constitución de 1999; se eliminaría, por inconstitucional e ilegal, la tasa por determinación y la de almacenaje sólo procedería cuando el retardo fuese exclusivamente imputable al consignatario o exportador y a unas tarifas acordes con los gastos que genere  la prestación del servicio.

La tecnología ha cambiado al mundo y bien utilizada se muestra altamente beneficiosa. Lamentablemente en esta área, como en muchas otras, nuestro servicio aduanero se metió por los caminos verdes de la  improvisación y la obsolescencia. El Sidunea resultó, a la larga, lo que temíamos: una excusa para impedir verdaderos avances en la aduanería asistida por computadoras, la cual debe concebirse y programarse alrededor de las necesidades del servicio. Concebimos un sistema aduanero interconectado, orientado por la misma filosofía que utilizan los bancos para que sea posible que a lo largo y ancho del país operen sucursales, agencias, taquillas externas y cajeros automáticos . Desde el punto informático, la aduana sería una sola y las aduanas principales y subalternas operarían como si fueran agencias y sucursales bancarias. A su vez, el sistema central estaría conectado con los ministerios señalados en el artículo 12 del Arancel de Aduanas (régimen legal), así como con los bancos, almacenes generales de depósito, almacenes privados fiscalizados y demás entes intervinientes en las operaciones aduaneras. La autonomía de las aduanas, es un atavismo que debe desaparecer empujado por las inmensas facilidades de comunicación de la era moderna y que si tuvieron justificación en la primera mitad del siglo XX, no las tiene en los albores de XXI.

La tecnología de código de barras debe ser asumida a la mayor brevedad. Dichos códigos serían a las mercancías lo que el Registro de Información Fiscal (RIF) es a las empresas. De esta manera, una mercancía clasificada y valorada dentro del sistema recibiría un tratamiento homogéneo en todas las aduanas, haciendo realidad la ambicionada igualdad ante la ley.

Los párrafos que anteceden contienen apenas unas cuantas ideas de lo que deben ser las aduanas venezolanas de este siglo XXI. Forman parte de un viejo sueño y de una nueva esperanza que nos llevan a recordar unas palabras de Martin Luther King:  "No nos deleitemos en el valle de la desesperación. Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño."

Autor: Carlos Asuaje Sequera

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